- No! Mi pequeño... - decía la mujer entre sollozos mientras seguía forcejeando con el joven que la agarraba...
- Raquel, respira, por favor! - dijo Guillermo a Raquel. La noticia le había destrozado, así que no quería ni imaginarse lo que estaba sintiendo Raquel, la madre de Javi.
El inusual ruido de sirenas y bullicio le había despertado aquella mañana y, minutos después había sonado su teléfono. Había decidido acudir inmediatamente al lugar donde le esperaban. Necesitaba verlo...
Un hombre cerraba la cremallera de una bolsa dorada de plástico, cubriendo un rostro sobre el que caía un mechón rubio.
...Necesitaba ver con sus propios ojos que Javi, su amigo, casi su hermano, había muerto.
El forense introdujo el cuerpo inerte del muchacho en el compartimento trasero del vehículo y, entonces, Raquel cesó en sus desesperados intentos de zafarse de los brazos del muchacho. Sencillamente, se derrumbó; poco a poco fue poniéndose de rodillas... y lloró.
Guillermo no encontraba palabras para consolarla, no creía que nada que dijera pudiera calmar su dolor pero, sobre todo, él mismo deseaba llorar, gritar, huir... Pero no se movió, permaneció allí, sumido en un lúgubre silencio, sin querer permanecer más tiempo tan cerca del lugar en que habían hallado el cadáver de su amigo, pero sabía que no podía dejar sola a Raquel, hundida, y no podía contar con que el padre de su ya difunto amigo se ocupara de calmar su pesar ya que el hombre, habitualmente tan activo y lleno de vida, seguía igual, de pie, en mitad de la calle. No lloraba, ni sollozaba; su rostro conservaba aquella expresión seria, sin denotar emoción alguna, pero sus ojos expresaban una honda tristeza y la mirada,perdida y desenfocada. Cualquiera que lo hubiera visto en aquel momento habría pensado que a ese hombre no le importaba en absoluto la vida de su hijo, pero Guillermo, que le conocía desde hacía años, sabía que aquello no era cierto. Sí, su rostro no denotaba sentimiento alguno, pero sus hombros caídos y sus ojos desenfocados indicaban que aquel hombre nunca había sufrido tanto en su vida y que, probablemente, no lograría superarlo.
Finalmente, y con mucho esfuerzo, Guillermo logró que el matrimonio regresara a su casa. Permaneció con ellos, en silencio, nadie sabía que decir; de hecho, nadie se encontraba con ganas de hablar pues, dijeran lo que dijeran, ninguno se iba a sentir mejor, pues el gélido llanto de la muerte aún vibraba en sus corazones...
Apenas una hora después, comenzaron a llegar los primeros parientes de Javi. Los tíos y la tía del muchacho, es decir, los hermanos de Raquel. Guillermo los había conocido un par de años atrás, durante el mes que pasó en su casa de la playa. Sabía que eran atentos y cariñosos, así que supuso que cuidarían bien de ambos, por lo que, sin que nadie se percatase, cogió su jersey y se marchó...
Anduvo un rato deambulando en silencio por las múltiples callejuelas que formaban el anillo externo de la ciudad, sin rumbo fijo, hasta que llegó a un jardín, desierto. Se sentó en un banco... y lloró.
Apenas había podido dormir aquella noche, a pesar del sueño y el cansancio. Pasó el día revisando carpetas, archivadores, documentos y recortes de prensa hasta que, tras cenar algo cuando comenzaba a anochecer, volvió a acostarse.
No había amanecido todavía cuando un golpe en la puerta lo despertó. El periódico, puntual como siempre. No solía despertarse con ese ruido, pero aquella mañana esperaba encontrar una noticia crucial.
Así que, sin demorarse demasiado, se puso tan sólo unos pantalones, pusó en marcha el equipo de música y comenzó a sonar la Novena Sinfonía de Beethoven, encendió la cafetera y salió a la puerta. Cogió el periódico y, tras dejarlo sobre la mesa de cristal de la cocina, fue al baño a lavarse un poco la cara...
Se sirvió una taza de espumoso capuccino y comenzó a hojear el periódico. Leyó, uno a uno, cada titular. Guerras, disputas políticas, catástrofes naturales, logros deportivos, detenciones... y la encontró.
La noticia rezaba:
- Joven local es hallado muerto a escasas manzanas de su casa. Aparentemente, no sufría heridas externas ni señales de violencia. La familia, destrozada, ha preferido no hacer comentarios acerca de la muerte del muchacho. Tras la autopsia, se ha determinado que la causa de la muerte fue la rotura del bazo, que pudo deberse a un aumento de presión en la zona abdominal o a un fuerte traumatismo.
A la derecha del artículo, podía contemplarse una imagen cedida por la familia. El muchacho de la foto era rubio, de unos 18 años de edad.
Sonrió, no era alegría lo que expresaba aquella hilera de dientes blancos como la nieve. Lo que aquella sonrisa denotaba era la satisfacción de quien sabía haber cumplido su misión a la perfección...

